Historia

Tradición de arrieros y "estancias que llegan hasta Chile"

La zona central del Cordón del Plata se encuentra en el departamento de Luján de Cuyo, una de las comunas cordilleranas de Mendoza. A Luján también le corresponde el sector de la Cordillera Limítrofe que abarca el Parque Provincial Volcán Tupungato, con sus grandes montañas: Juncal, Plomo, Polleras y parte del Tupungato.

Este departamento de raíz agrícola tiene muy arraigada la tradición de arrieros y "puesteros". La historia del nombre del municipio refleja esta cultura y es una historia interesante, narrada por la investigadora Norma Accordinaro en la publicación "Luján y su gente", editada por Pablo Lacoste en 1996:

En el siglo XVIII se levantaban algunas casitas en los alrededores del casco de la estancia de don Antonio Molina de Vasconcelos, ubicada donde hoy se encuentra el edificio municipal. Al pequeño conglomerado se lo llamaba "Villa del Río".

Por aquella época Mendoza ya era exportadora y el estanciero vendía en Buenos Aires los ricos productos de nuestro fértil terruño: cotizados vinos, pasas de uva, de higo, orejones de durazno, de pera, dulces y aceitunas, transportándolos en su tropa de carretas.

Largos y fatigosos viajes por caminos polvorientos que no dejaban respirar, o barrosos que atacaban las pesadas ruedas de las carretas al paso lento de los bueyes cansados por los 1.120 kilómetros que debían recorrer, de ida y vuelta. Viajes con características que sin duda deterioraban la salud de aquellos valientes.

Faltando poco para arribar a Buenos Aires el propietario de una tropa se enfermó de gravedad y en la soledad de esas llanuras se encomendó a una virgen muy milagrosa, que había tomado su nombre del pueblo de Luján, de la provincia de Buenos Aires.

El hombre comenzó a mejorarse rápidamente, hasta llegar al famoso santuario completamente sano. sintiendo acrecentarse con esto su fe, trajo a su regreso una imagen de la Virgen que colocó en una capillita de su casona, a la vera del camino de paso obligado hacia el sur o el norte. Y fueron los viajeros los que llevaron la noticia de los milagros. La cantidad de gente que acudía a orar o pedir permitió levantar comercios que dieron origen a un pueblo con el nombre de Luján, al que se le agregó de Cuyo para diferenciarlo de pueblos del mismo nombre de otras provincias argentinas (estos hechos dieron origen a declarar a Nuestra Señora de Luján patrona de la República Argentina).

Otro de los grandes latifundios originados con la colonización española fue la Estancia Plata o Estancia Platas, una enorme propiedad de 226.000 hectáreas que abarcaba prácticamente toda la cordillera mendocina hasta el límite con Chile, incluyendo el Cordón del Plata, según consta en los planos catastrales de principios de 1900. 

Más tarde la Estancia Plata se dividió en propiedades menores, y por otro lado la localidad de Potrerillos, un valle entre la Precordillera y el Cordón del Plata, fue adquiriendo un desarrollo turístico.

El impulso de los años 30

En la década de 1930 comienzan a nacer iniciativas para desarrollar actividades de montaña con infraestructura en los Vallecitos. El andinismo ya tenía en Mendoza cierto nivel de difusión, debido al atractivo que generaba el Aconcagua, la mayor montaña del hemisferio occidental. La primera ascensión al Aconcagua la realizó el famososo guía suizo Mathias Zurbriggen en 1897 (Luego subió también por primera vez el Tupungato), integrando una expedición inglesa. Pero las ascensiones fueron puntuales y esporádicas hasta los 30: se puede decir que la temporada de 1934 marcó una nueva etapa en el Aconcagua, ya que por primera vez se abrió una ruta diferente a la normal, el Glaciar de los Polacos, por una expedición de se país, y además en espacio de pocas horas llegaron a la cumbre grupos diferentes, por rutas distintas y sin tomar conocimiento entre ellos. El comprobante de cumbre dejado por los polacos fue bajado al día siguiente por una expedición italiana, en la que  participó el militar argentino Nicolás Plantamura, quien se convirtió en el primero argentino en pisar la cima.

En el Cordón del Plata también había movimiento y nuevos horizontes. La zona ofrecía una cantidad de cerros para subir, pero la búsqueda que más tarde trajo el desarrollo de la zona se orientaba hacia el otro deporte de montaña: encontrar laderas adecuadas y accesibles para crear pistas de esquí cerca de la Ciudad de Mendoza.

En las décadas siguientes más de uno se autoproclamó pionero del esquí en Vallecitos. Pero un artículo de la revista Nuestras Montañas, publicada por el Club Andinista Mendoza, relata con pormenores cómo fue la primera excursión al lugar, en 1935. Es un ejemplo que muestra cómo estaba todo por hacerse, el espíritu amistoso de las “excursiones” y la problemática de los andinistas del 35, que no difiere demasiado de la que enfrentan hoy muchos jóvenes. 

Excursión a los Manantiales del Río Blanco

La primera exploración con vistas al desarrollo deportivo de Vallecitos se hizo en 1935. Un grupo de miembros del flamante Club Alpinista Mendoza quería recorrer la zona, pero los jóvenes no lograron autorización del dueño de las tierras para ingresar. Los andinistas debieron dar un gran rodeo y "descolgarse" a Vallecitos -que entonces se llamaba Manantiales del río Blanco- desde la vecina Quebrada del Salto.

Además de obstinados, eran sacrificados: tuvieron que salir de su campamento a las tres de la madrugada, para llegar a lo que es hoy la zona de refugios a las 11 de la mañana. El escenario que encontraron fue el de un paisaje inalterado por la mano del hombre: "Forman los manantiales unos grandes hoyos de 4 a 7 metros de diámetro, diseminados en las laderas de la montaña, el agua desbordándose de los mismos cae a las quebradas formando diversos y caudalosos arroyos, que en su vertiginosa bajada contornean grandes piedras cubiertas de hielo y nieve, formando así una gran cantidad de grandes y pequeños saltos", dice la publicación.

Al amanecer del día siguiente, diferentes grupos se dedicaron a caminar por el lugar, y lograron la "primera visión de los campos de ski": Santiago Orozco, Juan Semper y Humberto Re marchan firmemente hacia arriba sobre la nieve dura, llegando después de dos horas a la cercanía del cerro San Bernardo. Admiran el soberbio amanecer que ilumina las cuchillas del Cordón del Plata, formando juegos de luces indescriptibles, entre las cumbres graníticas, los bloques de hielo, la nieve y las sombras de las profundas quebradas. Pero más admiran los inmensos campos de nieves que cubren las curvas suaves de las mil veces milenarias morenas que forman el fondo del valle. Y los tres piensan y experimentan el mismo anhelo.

Si fuera posible llegar con menos dificultades, qué desarrollo fantástico tomaría nuestra proyectada sección de ski...

Nuestros socios, la inmensa mayoría de los cuales cuenta únicamente con los modestos recursos de sus empleos o de sus profesiones, disponen pocas veces de dos días seguidos de asueto. La distancia no es grande, pero hay que efectuarla por sendas escarpadas, que dan grandes rodeos, y por más que se disponga de gran capacidad física y voluntad no se puede llegar en menos de nueve horas de marcha. 

Y dijo alguien:... Pero en Julio, Agosto, Septiembre, la nieve debe llegar mucho más abajo y la distancia se podrá recorrer entonces en cuatro o cinco horas, y será factible así practicar el ski. 

Y volvieron al otro año.

Y desde entonces año tras año, venciendo animosos las grandes dificultades, grupos numerosos de asociados llegaron frecuentemente a los solitarios campos de nieves, echando así las bases firmes de nuestra sección ski.

Los inquietos caminantes del CAM también comenzaban a hacer propios los cerros de la zona. Hay que medir esas "salidas a la montaña" con los ojos de la época y no con parámetros actuales; el andinismo era incipiente, no había información, equipos ni caminos, en cambio sí contaban con bastante entusiasmo. Así lo demuestra un relato de la segunda ascensión al cerro El Salto, escrito por Pablo Giannácari en 1941 -por supuesto en la revista Nuestras Montañas, un verdadero tesoro de historia e historias-. La marcha se hizo a pie desde Potrerillos: "se hizo algo dificultosa, debido al calor y al peso de nuestras mochilas, que era de 25 kg cada una", cuenta Giannácari. Integraban el grupo "Rolando O. Romairone, José Parra, el pebete Fastovsky y el conocido deportista argentino Carlos Alberto Parodi". Parra era el padre del montañista y actual prestador de servicios en el Aconcagua Rudy Parra, y el apodo de "Pebete" obedece a que Fastovsky tenía 15 años.

Con los equipos de la época y avanzando sobre terreno prácticamente virgen, el grupo trajinó dos días sólo para llegar a la base, la conocida cascada de la quebrada del Salto (diferente al Salto de Agua que sirve de campamento en El Plata). Actualmente se llega a este sitio en seis o siete horas, gracias al camino para vehículos que llega hasta Los Manantiales (bastantes kilómetros más arriba de Potrerillos), y a la senda marcada que conduce a El Salto. Pero también existe un alambrado que cierra el arroyo y el acceso a la quebrada, y hay que pagar para ingresar.

Siguiendo el arroyo El Salto aguas arriba por esta quebrada se encuentran otras cumbres representativas del Cordón del Plata. La expedición relatada por Gianáccari ascendió el cerro El Salto y luego Santa Elena y Agustín Alvarez, en "una dura jornada de más de 17 horas".  El artículo termina con un párrafo de tono poético: "Esta excursión, cumplida con toda felicidad, colmó el anhelo largamente acariciado por los que la realizamos: penetrar los dominios de la Alta Montaña, deambular entre las nubes, tantear la oscuridad, dominar los horizontes desde la altura, como sólo lo hacen los cóndores: ¡Vibrar con la majestad de la cima!"

Ese era el espìritu que imperaba entre los jóvenes andinistas. Vale la pena detenerse en las expediciones de esos años y sus relatos, porque dan una idea del impulso y el romanticismo que tenía la actividad.

La creación de los refugios

Toda ese movimiento encontró eco en autoridades dispuestas a crear infraestructura para propiciar el desarrollo. Así lo cuenta Magnani en "Montañas Argentinas-Provincia de Mendoza" (inédito): "La actividad realizada por el CAM en la zona de Los Vallecitos fue ampliamente divulgada a través de los medios de difusión a su alcance. La posibilidad que Mendoza pudiera habilitar áreas nevadas para la práctica de los deportes invernales era de interés tanto para los montañistas locales como para el turismo, como ya estaba ocurriendo en la zona de Bariloche".

"También llamó la atención del gobierno provincial, empeñado en desarrollar el turismo, por lo que dispuso, a principios de la década del 40, la inmediata construcción, con el apoyo del Ejercito, del tramo de camino faltante entre Las Chacritas y  Los Vallecitos".

La rapidez y eficacia con que se realizó la obra vial motivó una nota del CAM al Director de Turismo, Antonio Mosquera Suárez, destacando la iniciativa. Así lo reflejó en 1943 "Nuestras Montañas", en un artículo de tono protocolar:

La inteligente y tesonera obra de los últimos gobiernos que cupieron en suerte a la Provincia y especialmente la clara visión del actual Gobernador, su Excelencia el Doctor Adolfo A. Vicchi; del Ministro de Obras Públicas, Economía y Riego, Ing. Frank Romero Day; y del Director de Turismo, señor Antonio Mosquera Suárez, que compenetrados de que la naturaleza ha sido inmensamente pródiga con nuestra Provincia poniendo al lado mismo de la ciudad una incalculable cantidad de panoramas de fantásticas bellezas naturales (...) vencieron todos los obstáculos que la naturaleza había acumulado, y las penosas marchas agotadoras que por malas sendas era necesario hacer antes, para llegar a las maravillosas canchas de los Vallecitos, se han transformado ahora en un cómodo camino que en pocas horas nos une con la ciudad.      La revista dedica un párrafo a las instituciones y personas que "colaboraron eficazmente con el Gobierno en la construcción del camino que llamaremos de avanzada hacia el corazón del valle del Río Blanco y del Cordón del Plata: Primero: Yacimientos Petrolíferos Fiscales en el primer tramo, ejecutado bajo la dirección del señor Romano; segundo: por el apoyo moral y material del Coronel Humberto Sosa Molina, quien destinó a la dirección de los trabajos al Capitán antonio Mariño, quien dedicó a los mismos toda su capacidad y cariñoso empeño para realizar los anhelos del Gobernador doctor Adolfo Vicchi".

San Antonio Con el nuevo camino nació un componente fundamental de la identidad e historia de Vallecitos: los refugios de montaña. Desde su inicio fueron el punto de partida ideal para las incursiones andinísticas al Cordón del Plata y la plataforma para desarrollar el esquí. En verdad esta infraestructura permitió un desarrollo turístico que, con altibajos, está por llegar a los ochenta años de vida.

Uno de estos refugios precursores fue San Antonio. La característica fachada blanca de esta construcción se encuentra en un punto estratégico del camino, en las primeras trepadas fuertes de los caracoles y a 2550 metros de altura. Esto lo ubica en las faldas mismas de cerros como el Andresito y el Arenales, y a la vez en un punto relativamente accesible cuando los temporales de nieve impiden el acceso de vehículos a la zona superior de Vallecitos.

San Antonio fue construido entre 1940 y 1943, en un paraje que figura en los mapas antiguos como "Chupasangral". Está en tierras del Estado y la construcción la llevó a cabo el Gobierno Provincial, para "funcionar como  anexo del Hotel de Potrerillos -indica Magnani-, como bar y comedor para los turistas amantes de la nieve".

Según los protagonistas de la época, el nombre San Antonio no indica una devoción especial al santo XX, sino más bien un guiño al nombre del funcionario provincial que llevó adelante la obra, Antonio Mosquera Suárez. Si fue la "devoción" de un subalterno con ganas de hacer carrera o si el propio Mosquera Suárez se auto-homenajeó, los memoriosos no lo pueden precisar. 

Lo que sí está documentado es que el refugio era de una sola planta -años después se amplió y mejoró- y se utilizaba sólo como satélite del Gran Hotel Potrerillos, que trasladaba a sus pasajeros y todo el servicio (incluso la comida) desde las instalaciones del hotel. (En ese entonces era un establecimiento pujante con instalaciones de lujo: merecería un capítulo aparte la historia de la caída y el desmanejo de este hotel, que hoy podría aprovechar su inmejorable ubicación a metros del Dique Potrerillos, y en cambio está cerrado hace años, peor incluso en manos privadas que cuando era del Estado).

 El San Antonio, en esos años de ímpetu y novedad, desde su inicio estuvo vinculado al esquí, del mismo modo que su vecino y "decano" de la zona, el refugio San Bernardo. La inauguración oficial de estos refugios y del camino se realizó en julio de 1943, y fue conducida por el interventor militar General Aristóbulo Vargas Belmonte.

 Parte de las obras era un "cable-carrito" para 10 personas, que partía de la punta del camino (algunos de los manatiales del Río Blanco) y llegaba hasta el refugio San Bernardo, donde funcionaba una pista y escuela de esquí. Los restos de la vía y el carrito oxidado se pueden ver hoy a un costado del camino, a la izquierda del puente que cruza el río Blanco unos cientos de metros por encima de San Antonio (siguiendo los postes de tendido eléctrico).

El antiguo medio de elevación no empezó a funcionar hasta varios años después. También se fue llevando el camino más adelante, ganando altura primero hasta San Bernardo y luego hasta lo que es hoy el centro de esquí de Vallecitos. El camino para vehículos llegó con los años hasta el pie de La Canaleta, lo que abrió toda la etapa de desarrollo y pistas más profesionales en Vallecitos.

La era GuiñazúUn protagonista de esa etapa fue Francisco Guiñazú, un ingeniero que entrelazó su vida con Vallecitos desde la primera vez que pisó el lugar –según sus propias palabras, el 4 de julio de 1948- hasta su muerte a fines de los 80, mientras bajaba en su camioneta del centro de esquí, por el camino de caracoles que hoy llevan su nombre. Guiñazú desarrolló y manejó el centro de esquí durante décadas y actualmente Vallecitos es propiedad de sus familiares. San Antonio también le debe parte de su historia, ya que en 1949 el ingeniero se desempeñó en la función pública y logró el presupuesto necesario para completar el refugio, ya dotado de todos los servicios y listo para funcionar sin depender del hotel.  Guiñazú dejó su visión de la zona en una entrevista: “Para aquel entonces, en Vallecitos ya estaba el refugio “San Bernardo”, muy modesto por supuesto. En La Canaleta había un carrito de Vialidad Provincial, que andaba cuando podía, evidentemente se trataba de un panorama muy desolador”, le contó a una revista de esquí décadas después. Según sus recuerdos, “En la zona no había nada; naturalmente, por entonces el esquí no tenía ninguna promoción”.  En ese tiempo armarse de equipo requería más imaginación que ahora, y no había “rental”. Así lo describe Guiñazú: “Los esquíes los comenzamos a fabricar con rezagos de tablas del Ejército, y algunos se animaron a producirlos en forma artesanal, utilizando caños livianos de luz para los bastones y varillas de cortinas para las aristas. En esas condiciones empecé yo, aunque con anterioridad otra gente ya había dado los pasos iniciales”.  La zona, por otra parte, comenzaba a tener más infraestructura. El CAM contaba con dos refugios, el Humberto Re y el Mausy. El Esquí Club Mendoza, al que pertenecía Guiñazú dio comienzo a la construcción del suyo. Más adelante, y cuando la entidad ya contaba con su refugio-hostería, Guiñazú recibió el encargo de construir una aerosilla, empresa nada fácil por la carencia de antecedentes en la materia en la provincia y el país. Tras observaciones efectuadas en Portillo, el aparato fue montado, convirtiéndose en la primera silla aérea que se instaló en una estación invernal en la Argentina.“Este aporte, más la concreción de la hostería, provocaron un acercamiento del público –contaría Guiñazú años después-. La mayor demanda y el aumento de los requerimientos nos movieron a subir más con las pistas, a prolongar el camino y a instalar nuevos aparatos. Así fue que a través de convenios y colaboraciones mutuas con Vialidad, logramos la continuación del camino hasta Las Morenas y la instalación de una telesilla pequeña para la pista escuela”.

Los secretos de CánevaVallecitos seguía atrayendo europeos. El italiano Bruno Cáneva fue uno de ellos, aunque no está claro si llegó al Cordón del Plata atraído por el lugar o buscando un sitio a salvo de la justicia de posguerra. La historia de este personaje se presta bastante para el mito o la literatura: campeón mundial de salto en esquí, profesor y protegido de Perón, acusado de crímenes de guerra durante el fascismo y finalmente precursor de los deportes de nieve en este rincón de los Andes, donde  permaneció como encargado de San Antonio por muchos años.  Los datos concretos indican que Cáneva se fue de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y en 1947 fue condenado a prisión perpetua por la muerte de un partisano. Cáneva no cumplió la condena porque ya se encontraba asilado en la Argentina. De acuerdo a una investigación del periodista Rafael Morán, publicada en el diario Clarín, "Caneva buscó refugio en Mendoza en 1947 y encontró protección en el entonces gobernador peronista, el coronel Blas Brisoli. Tenía una poderosa carta de presentación: había sido instructor de esquí de Perón cuando éste era agregado militar de la Embajada argentina en Italia y ostentaba, además, un título mundial de salto sobre esquíes obtenido en 1930".Cáneva se hizo un lugar en la sociedad mendocina y sobre todo en los ambientes de montaña, hasta que en 1999 -dice el artículo- "ese prestigio se derrumbó: no sólo se divulgó aquí una condena a prisión perpetua que tuvo en Italia por el asesinato del partisano Rondino Fontana sino que comenzaron a revelarse detalles de su aparente intervención en la llamada Masacre de Pedescala, un pueblo de la región del Veneto".  En 1996 se reabrió esta causa, por al impacto que tuvo en Italia el arresto del nazi Erick Priebke en Bariloche. En Pedescala fueron asesinados 82 civiles entre el 30 de abril y el 2 de mayo de 1945. "Entre las víctimas había partisanos, mujeres y niños. Los alemanes, en retirada hacia el norte, tomaron una sangrienta represalia por la muerte de tres soldados emboscados por la resistencia italiana. Caneva había seguido con los alemanes después de la caída de Mussolini", indica la nota. Cáneva negó reiteradamente haber estado en esa ciudad, en distintas entrevistas que dio desde Mendoza. En octubre de 1999 viajó hasta aquí el fiscal militar de Padua, Maurizio Block. Interrogó a Cáneva y meses después un juez archivó las actuaciones por insuficiencia de pruebas. En ese momento Cáneva declaró a Clarín: "No voy a negar que era fascista, en Italia había muchos fascistas, pero si bien estuve en todos los rastrillajes de partisanos, cuando sucedió lo de Pedescala yo estaba internado en el hospital de Caldonia, dirigido por los alemanes".Cáneva se dedicó a la nieve desde su llegada a Mendoza, en 1947. Como otros refugiados alemanes e italianos, logró la protección del Estado argentino y se convirtió en instructor de esquí del Ejército en la compañía de Puente del Inca. Al poco tiempo el director de Turismo Antonio Mosquera Suárez le otorgó la concesión del refugio San Antonio.Según sus propias palabras, registradas en una revista de esquí de la época, “Aquí podríamos decir que comenzó el gran impulso del esquí en Mendoza a través de Vallecitos. Yo ocupé el San Antonio hasta el año 1969 y miré la cantidad de esquiadores de todas las edades que se han perfeccionado en la escuela de Vallecitos. Logramos que el turista que concurría al lugar pudiese disponer, además, de un buen servicio de hostería, con hospedaje completo y alquiler de esquíes y trineos”. El testimonio de Cáneva permite reconstruir las condiciones de la época: "Realmente carecíamos de elementos y recursos suficientes, pero igual nos defendíamos y el éxito siempre nos acompañó. Recién en el año 1950 pudimos terminar de colocar nuestro primer medio de elevación para fines esquísticos, que salía de San Bernardo y terminaba su recorrido en una pista más alta que se llamaba “La Olla”. Antes teníamos un funicular que sólo nos transportaba desde San Antonio a San Bernardo”. Bruno Cáneva falleció de cáncer de próstata en agosto de 2003, en su casa de Dorrego, en medio de un proceso judicial para extraditarlo a Italia.

El crecimiento del esquí 

Como es bastante evidente, la creación de medios mecánicos de remonte para esquiadores amplió exponencialmente la cantidad de aficionados, ya que las caminatas montaña arriba sobre la nieve, para luego deslizarse ladera abajo, planteaban una barrera para personas sin el estado físico o el entusiasmo suficientes. En los países con más cultura de esquí hace ya varios años que el péndulo pasó al otro lado, y se hicieron populares el esquí fuera de pista y el esquí de montaña, es decir subir montañas y luego descender sobre las tablas, algo que requiere una técnica depurada en la mayoría de los casos. 

Ese auge es todavía bastante incipiente en Mendoza, pero San Antonio fue escenario de un descenso antes de que crecieran los centros de esquí. En la primavera de 1953, Alfredo Magnani, Alberto Vendrell y Alberto Bonté subieron el pico Franke por una ruta que sale desde el refugio, transita una canaleta y luego el largo filo hasta la cumbre, y bajaron esquiando la morena que termina en Las Veguitas. Pero fue una expedición puntual, en todo caso adelantada a la tendencia del momento, que apuntaba al esquí de pista.

José Colli y “Mausy” Canals Frau

En las décadas siguientes, el esquí y el montañismo de algún modo tomaron caminos independientes en Mendoza, cada actividad con un perfil determinado y no siempre compartido. Las pistas de Vallecitos eran una cosa y las montañas del Cordón del Plata otra.

San Antonio pasó entonces al bando de los montañeros. Antes había sido entregado por el Gobierno provincial a la Municipalidad de Luján, y tras algunos años de abandono, el refugio fue encargado a un pionero del montañismo en Mendoza, José “Pepe” Colli. En la década del 70 y 80, recuerdan los veteranos, era frecuente ver a Colli, un ex montañista y dirigente del CAM, al frente de su “Pastalinda” haciendo fideos. Una vieja rural Mercedes Benz llevaba a los pasajeros hasta San Antonio, y el refugio recuperó su tradicional hospitalidad y calidez. Sin embargo la historia de José Colli y su novia,“Mausy” Canals Frau, es una de las más tristes ocurridas en las montañas mendocinas. Ambos eran andinistas apasionados. “Mausy” (un apodo alemán cariñoso, aunque ella era española de nacimiento) fue en 1945 la primera mujer en ascender el Plata, en una de las tantas expediciones que hicieron juntos en los cerros de la zona. En marzo de 1947 Canals Frau, Colli y Juan Maas se dirigieron al cerro Aconcagua. Partieron hacia la cumbre desde Berlín (entonces Refugio Plantamura), pero no lograron llegar a la cumbre antes de la noche, que los alcanzó en estado de extrema fatiga en la Canaleta. Pasaron esa noche sin abrigo, alimento ni líquido. Al día siguiente persistieron en el intento de ir hacia arriba, pero solamente avanzaron unos metros; otra noche a la intemperie a 6900 metros, sin hidratarse ni comer. Maas no lo soportó y comenzó a bajar, demasiado tarde. Murió sobre las piedras de la Canaleta. Canals Frau y Colli, en cambio, no dieron el brazo a torcer y se arrastraron hasta la cumbre. Allí descansaron varias horas, firmaron el libro de cumbre y hasta se sacaron fotos antes de emprender el descenso. Pero el agotamiento extremo les impidió pasar de la Canaleta, y María Canals Frau falleció en los brazos de su novio. Tenía 22 años. Colli logró bajar y fue el único sobreviviente. Un pico de 4800 metros en el Cordón del Plata, que se alcanza siguiendo un filo desde la cumbre del San Bernardo, lleva el nombre de Mausy. También un refugio del CAM en Vallecitos. José Colli regresó a esas montañas y durante muchos años hizo del San Antonio un lugar abierto y agradable para montañistas y viajeros, muy cerca del cerro Mausy.

La nueva etapa de San Antonio

Tras el "período Colli" el refugio quedó vegetando y se deterioró, como gran parte de las instalaciones turísticas de la zona durante la década del 90. Por otro lado Vallecitos había ido perdiendo la "inercia" de épocas anteriores, en parte por una sucesión de invernos con poca nieve y en gran medida por el auge de centros de esquí como Los Penitentes y Valle de Las Leñas. En el montañismo también incidió la gran crisis de la Argentina. Las nuevas rutas y las proezas técnicas que realizó en la zona un grupo de escaladores mendocinos en los 80 y principios de los 90 no tuvieron un recambio generacional visible.  Pero el nuevo siglo les devolvió la salud a las actividades de montaña y los dos refugios pioneros volvieron a la vida. El viejo San Bernardo, con su fachada de madera intacta, fue el escenario que ambientó una historia de amor. El francés Michel Lanniaux realizaba un trekking en la zona y conoció en el San Bernardo a la mendocina Sandra Muñoz, de San Carlos. Michel, propietario de un refugio alpino en Chamonix, regresó a Europa, pero no olvidó a Sandra ni al sitio donde se conocieron. Tras intercambiar cartas por un tiempo, el francés volvió a Mendoza, se casó con Sandra y ambos compraron el San Bernardo, donde viven con su hijo la mitad del año. El refugio recuperó la hospitalidad montañesa y ofrece alojamiento y servicios a turistas y caminantes.El San Antonio también recuperó el ambiente de su época de oro. La falta de mantenimiento había hecho mella en la vieja construcción, que soporta nieve y temperaturas bajo cero buena parte del año. Pero el característico perfil del refugio de montaña, con su estanque y el álamo que era un retoño en las postales de los 40 y hoy es un árbol añoso, capeó los temporales. En el año 2003 la empresa Cordón del Plata tomó la concesión del refugio municipal y encaró una tarea de puesta en valor del edificio, con la idea de ofrecer servicios gastronómicos y hoteleros de altos estándares sin perder la tradición de puertas abiertas de un refugio de montaña. Actualmente el refugio cuenta con 28 plazas para alojamiento y un restaurante especializado en platos regionales. San Antonio es el punto de partida para salidas de trekking diarias a los cerros Arenales, Loma Blanca o San Bernardo, o caminatas hasta Las Veguitas.